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Nivel de Vida  
 
La calidad de vida en México cayó considerablemente en el 2009 lo que ocasionó que el país quedara en el puesto 43 de 104 naciones evaluadas, de acuerdo con una lista del Instituto Legatum de Londres, que midió la riqueza, prosperidad y felicidad de los habitantes en el mundo.

El organismo en su Índice de Prosperidad 2009, subrayó que México se desplomó en el listado, debido a que recibió malas calificaciones en varias áreas clave. En instituciones democráticas, comparado con el resto de los países, quedó en el puesto 61, en tanto que en educación se ubicó en el lugar 60; seguridad, 72, y libertad individual, en el puesto 73.

Las áreas donde obtuvo mejor puntuación fueron innovación y emprendimientos (29), prosperidad económica (34) y capital social (45)

Estrategias de las autoridades

Desde la mitad de la década de los ochenta, México inició un proceso de estabilización macroeconómica para combatir la inflación y de cambio estructural para abrir su economía y reducir la intervención del Estado en la actividad productiva.

Lo anterior implicó, entre muchas otras medidas: la privatización de empresas paraestatales, la desregulación de los mercados, la eliminación del financiamiento monetario al déficit fiscal y la incorporación de la economía a los flujos internacionales de comercio e inversión.

En su momento las anteriores transformaciones estructurales permitieron mayor movilidad en los factores productivos, menor distorsión en precios y por supuesto ganancias en eficiencia tras una mejor asignación de los recursos.

No obstante, en términos de bienestar social sus resultados fueron limitados. Por ejemplo, entre 1983 y 2003 la tasa real anual de crecimiento del ingreso por habitante fue en promedio de 0.5%.

Lo anterior no significa que la orientación de las reformas económicas haya sido equivocada. Por lo contrario, la experiencia internacional revela que países con un desarrollo igual o menor al de México al momento de llevar a cabo transformaciones parecidas lograron a la postre ganancias importantes en su bienestar social.

Por ejemplo, Singapur e Irlanda con reformas orientadas al libre funcionamiento de los mercados y a la apertura económica en lapsos similares, registraron tasas reales de crecimiento anual en su PIB por habitante de 4.1 y 4.8% respectivamente.

Entonces, ¿por qué existen diferencias en el nivel de ingreso entre países? y en particular ¿qué puede hacerse para elevar el bienestar social en México? Para responder a estas preguntas en este trabajo se lleva a cabo un análisis de los determinantes de progreso económico.

Se argumenta que si bien entre los especialistas existe el consenso de que la expansión de la producción depende de la cantidad de factores productivos (tierra, trabajo, capital, etc.) y de su productividad, la segunda es el determinante más importante del crecimiento económico pues, mientras los factores mencionados son limitados, el talento y la creatividad humana no, y por tanto las posibilidades de obtener ganancias en la productividad y en la producción son infinitas.

Así, desde un punto de vista técnico la respuesta inmediata a las preguntas expuestas sería que las diferencias en el crecimiento económico entre países corresponden a discrepancias en los determinantes mencionados. En particular, para México el bajo crecimiento del ingreso por habitante sería resultado de la falta de capital físico y humano así como de una baja productividad.

Lo anterior es correcto, pero una respuesta de más fondo debe reconocer que la prosperidad es un fenómeno complejo y sólo ocurre si existen condiciones apropiadas para la expansión de los negocios.

Condiciones que de acuerdo con investigaciones recientes están estrechamente vinculadas con el marco institucional prevaleciente en una sociedad.1 En particular, la evidencia revela que existen incentivos y condiciones para la acumulación de factores productivos y la productividad sólo cuando prevalece un ambiente de libertad económica y el Estado se ocupa de proveer eficientemente bienes.
La caída del ingreso por habitante

En 2009, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante fue de 8 mil 111 dólares, lo que significó una caída de 20.2% respecto a 2008, el mayor retroceso desde la crisis de 1995, indicaron estimaciones basadas en cifras del Inegi.

Durante 2008, el PIB per cápita había sido de 10 mil 163 dólares.

En 1995, la medida hipotética del ingreso de cada persona cayó 33%, pero la caída más severa se dio en 1983 con 38 por ciento anual, justo después de la devaluación del peso en 1982.

Según el INEGI, en 2009, el PIB a precios corrientes se ubicó en 11.82 billones de pesos, una caída anual de 2.5%, no observada para ningún año por lo menos desde 1983. En el cuarto trimestre del año pasado, el PIB por persona fue de 8 mil 929 dólares, un incremento de 2.7% anual, el primero en cuatro periodos consecutivos. Durante este trimestre el PIB a precios corrientes se ubicó en 12.58 billones de pesos.

El resultado del PIB per cápita se debió a un deterioro de la actividad económica, pues en el 2008, relativo a precios constantes, cayó 6.5%, pero también estuvo influido en su mayor parte por una depreciación del peso en el periodo 2008-2009, de 21%.

En 2009, el tipo de cambio interbancario de mayoreo promedió 13.5224 pesos por dólar.

Con esto, el país se ubicó en el lugar 60 de entre 181 economías por esta medida, ocupando a su vez el cuarto sitio en el listado latinoamericano, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Respecto al año pasado, el PIB por habitante de nuestro país bajó 3 sitios a nivel mundial y 2 en el comparativo latinoamericano.

En 2008, México ocupó el lugar 57 mundial y el segundo sitio en América Latina. La crisis del año pasado tuvo un impacto severo en los ingresos de las personas, pues la menor actividad económica propició mayor desempleo y castigos en los salarios.